Pocos saben que la piñata que hoy decora nuestras fiestas
de cumpleaños tuvo su origen en el Oriente. Consistía
en una olla de barro llena de semillas, y su uso se limitaba a ceremonias
agrícolas. Supuestamente fue Marco Polo quién la trajo
a Europa, y al llegar aquí las semillas se reemplazaron con
frutos secos y regalitos. La piñata se convirtió en
una parte importante de la ceremonia de la Cuaresma - el primer
domingo de Cuaresma se llamaba "el domingo de la piñata".
El término "piñata" tiene su orígen
en la palabra italiana "pignatta", u "olla frágil".
Los
misioneros cristianos llevaron los ritos de la Cuaresma
a América, y allí empezaron a decorar la olla de
barro con trocitos de papel de colores - se habían dado
cuenta que era una forma muy eficaz de atraer a los indígenas
a las ceremonias religiosas. Los Aztecas ya tenían una
costumbre parecida en una de sus ceremonias religiosas - para
homenajear a Huitzilopochtli, su dios de la Guerra, fabricaban
una olla de barro que luego decoraban con plumas y llenaban con
tesoro. La colocaban encima de un palo dentro del templo, y al
romperla con un palo, el tesoro caía a los pies de la imagen
del dios como ofrenda.
Con sus adornos de colores y su contenido apetitoso, la piñata
empezó a simbolizar la tentación, y el romperla
con un palo simbolizaba la lucha contra la tentación. El
vendar los ojos y dar vueltas (originalmente 33, para simbolizar
los años que vivió Cristo) era para demostrar que
los premios no llegan sin esfuerzo y sacrificio. El diseño
típico de la piñata mejicana parece una estrella
con siete puntos, para representar los siete pecados mortales.
La piñata también representa la esperanza
- los participantes esperan ansiosamente debajo de la piñata,
mirando hacía el cielo. El contenido de la piñata
se reparte como premio para mantener la fé.
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